domingo, 26 de enero de 2014

Move
No recuerda el momento exacto en el que su corazón se convirtió en un holograma gris. Afortunadamente la gente que le rodea no ha notado el compás triste de sus latidos y él sabe ocultarlo bajo una caja fuerte revestida de inercia y sonrisas puntuales.
Estuvo muy asustado pensando que pasaría si la gente averiguase que añorando la primavera había caído en las garras del otoño. No quería que descubrieran que era adicto al mes de octubre, que caminaba entre las hojas marchitas cegado a todo excepto a la desesperanza.


Pero todo eso queda lejos; el tiempo es sabio y le ayudo a pintar la fachada de su mundo de un color artificial. Sus familiares, conocidos y amigos admiran el resplandor opaco que dibujan unas palabras dichas con la convicción suficiente para engañarlos a todos. A todos excepto a él mismo.

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