Sentada tomando café, removiendo el
azúcar con la cucharilla. Su acompañante parloteaba y ella asentía con la
cabeza. No le prestaba atención, pero llevaba muchos años viviendo en sociedad
para saber que a la gente no le gusta que parezca que no te interesa lo que
dicen.
-Me encanta la casa que me compré.
-Ajam
-Es espaciosa, con 3 dormitorios, cocina, 2 cuartos de baño, salón…
-Ajam
- La hipoteca me sale por un pico, pero quiero tener algo mío. Cuando termine de pagarla tendré 89 años y demencia senil, pero, ¡qué diablos!
-Ajam
Seguía dándole vueltas a la cuchara, de hecho, le había dado tantas, que más que disolver azúcar parecía que pretendía crear su propia versión del triángulo de las Bermudas. Con un poco de suerte un avión se precipitaría encima de la taza, aunque sospechaba que él sería capaz de enumerar las ventajas de vivir en el centro incluso si una mole en llamas hiciera acto de presencia.
-Me encanta la casa que me compré.
-Ajam
-Es espaciosa, con 3 dormitorios, cocina, 2 cuartos de baño, salón…
-Ajam
- La hipoteca me sale por un pico, pero quiero tener algo mío. Cuando termine de pagarla tendré 89 años y demencia senil, pero, ¡qué diablos!
-Ajam
Seguía dándole vueltas a la cuchara, de hecho, le había dado tantas, que más que disolver azúcar parecía que pretendía crear su propia versión del triángulo de las Bermudas. Con un poco de suerte un avión se precipitaría encima de la taza, aunque sospechaba que él sería capaz de enumerar las ventajas de vivir en el centro incluso si una mole en llamas hiciera acto de presencia.

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