viernes, 9 de noviembre de 2012





No hay nada más definitivo que un adiós de cemento y el tiempo, que con su mano implacable y su hambre insaciable, todo lo devora. Pero el más profundo de los vacíos se puede llenar con recuerdos y en el mundo de las palabras, al calor acogedor de un 6 de enero cualquiera, el frío no vence ni los corazones dejan de latir.

Me siento un puzzle de muchas piezas y, aunque ni te lo dije ni te lo demostré como te merecías, espero que sepas que las que llevan tu nombre ocupan un lugar especial que nunca podrá sustituirse. Me vienen oleadas de palabras: playa, frigorífico, natillas, Juas, monedero negro, ronquidos, helado, salita y muchas otras que tienen un significado para mí por ti y ahora que tu voz se ha apagado para siempre, resonarán en mis oídos con el sonido de mis días de niñez.

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