No hay nada más definitivo que un adiós de cemento y el
tiempo, que con su mano implacable y su hambre insaciable, todo lo devora. Pero
el más profundo de los vacíos se puede llenar con recuerdos y en el mundo de
las palabras, al calor acogedor de un 6 de enero cualquiera, el frío no vence
ni los corazones dejan de latir.
Me siento un puzzle de muchas piezas y, aunque ni te lo dije
ni te lo demostré como te merecías, espero que sepas que las que llevan tu
nombre ocupan un lugar especial que nunca podrá sustituirse. Me vienen oleadas
de palabras: playa, frigorífico, natillas, Juas, monedero negro, ronquidos,
helado, salita y muchas otras que tienen un significado para mí por ti y ahora
que tu voz se ha apagado para siempre, resonarán en mis oídos con el sonido de
mis días de niñez.

2 comentarios:
ains
Precioso.
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