Finalmente se vio obligada a salir de su casa-caverna,
abandonando así su vida de ermitaña por el bien de su familia. Había estado
enclaustrada más de la cuenta y sospechaba que si mantenía su encierro
voluntario, escucharía en cualquier momento a su madre hablando por teléfono
con un psicólogo o un exorcista. Eso era lo último que quería: encontraba
repulsiva la idea de contarle penas a un extraño condescendiente que cobraba
por horas. Además, la economía en su casa no pasaba por un buen momento y no
quería contribuir al aumento de gastos para que el extraño condescendiente en
cuestión sacase tajada de ello. No, ya que ni siquiera aportaba dinero, les daría
un respiro sacando su culo catatónico a pasear.
Ella había perdido muchas cosas últimamente, incluido el
trabajo. No tener un horario laboral le había permitido cumplir sus funciones
como reina de la inmensa desdicha pero también, por ello, se había visto
obligada a vivir en casa de sus padres. En un mundo ideal tendría un montón de
dinero en el banco para poder pasarse la vida llorando sin importunar a nadie;
contrataría un mayordomo al que le encomendaría la misión de llenar el
congelador de tarrinas de helado de tarta de queso y que vestiría un uniforme
de colores apagados.
Lamentablemente este mundo no ideal ni siquiera le permitía
languidecer a gusto entre 4 paredes y, por ello, ese día había decidido
vestirse de chándal, lucir su mejor cara de póker y comunicarle a su madre que
iba a salir a darse una vuelta. La madre la miró con una mezcla de alivio e
inquietud y ella forzó una sonrisa de casting de peli de serie B que pretendía
decir “Mamá, no te preocupes, no voy a arrojarme desde el puente de la autovía,
solo a tomar el aire. Recuerda que si quisiera quitarme de en medio lo haría
desde nuestra propia terraza y me habría ahorrado quitarme el pijama y las
legañas”.

1 comentario:
Me gusta ver a una reina de la inmensa desdicha con un culo catatónico :D tiene que ser algo increíble XD
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