Su madre le había vuelto a repetir que se comportaba como
una zombie, que no podía pasarse el día encerrada en su habitación, que ni
siquiera iba al salón a ver la tele. Y no tener ganas de ver la tele es un síntoma
preocupante.
Habían pasado muchos días, puede que incluso un par de
semanas o tres. Quién sabe, a quién le importa.
Lo único que le apetecía hacer era nada en absoluto excepto
escuchar música y rumiar pensamientos, recordar, quedarse en blanco, volver a
recordar y sumirse en un profundo pantano de lamentaciones.
Su pequeño gran logro
contra la apatía total consistía en arrastrarse cabizbaja a la mesa a
mordisquear el almuerzo y la cena; había desarrollado la habilidad de responder
con monosílabos cuando le parecía escuchar su nombre en las conversaciones de
su familia. Reaccionaba a ello articulando un “sí” o un “no” de forma
indistinta.
Era tal su pesadumbre que no hubiera sido raro que una
comitiva solemne hubiera derribado la puerta de su cuarto para coronarla Reina
Gris del Corazón Resquebrajado y la Inmensa Desdicha.

1 comentario:
Motivosss!! Queremos motivos!!!
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